A Salazar le calmaba la privacidad de su estudio. Forzado durante horas a lucir su máscara
de orfebre, contemplaba en su creación de varita su auténtica naturaleza arcanista. Antes
de dormir, aplastó la bola de luz contra la página, pasando así a formar parte imborrable
de su posesión más preciada.
Comments
Post a Comment